martes, 18 de diciembre de 2007

DENTRO (de casi nada)

Ya está. Dentro. He entrado en el juego.

... y ahora es imposible hacer pausas ...
(en los momentos a solas la tinta retorcerá cada gesto tuyo y cada palabra mía,
volverá a portarse mal, a ser el egoísta el que escribe
y puedo ser capaz de volverme a enamorar más del papel que del movimiento)

Ya está.
Ya duele. Ya me incomoda. Ya aprieta.

Soy un niño que lucha contra el viejo que trata de invadir mi cuerpo.
No quiero volver a llenar de arrugas cada gesto.
No quiero volver a cojear cuando apenas llego a tiempo.
Es la historia del niño (casi bebé) que trata de razonar con el viejo que le invadió el cerebro.

No tengo por qué hablar. No tengo por qué enamorarme. No tengo por qué tocar. No tengo por qué acariciar. No tengo por qué preocuparme por alguien. Soy completamente uno -solo y entero- que a veces se cansa y necesita apretarse contra alguien (apretarse contra alguien). Sentir el calor. Sólo hablo de un poco de contacto...
No tengo por qué ilusionarme -es suficiente-, ni siquiera hace falta averigüar su nombre. Con eso es realmente suficiente.

Ya está.
Ya duele. Ya me incomoda. Ya aprieta.

Me confundo. Me lío. Voy de un lado hacia el otro
y acabo sin ganas de salir del cuarto.
Acabo perdiendo lo que me invento que ya está perdido
y no salgo del recinto mismo en el que nací.
No tengo paciencia para valorar lo que viene y lo que se va.
No tengo suficiente respeto hacia el resto
como para obedecerme.

Y si regreso a mí será para asentarme definitivamente.
(porque no creo que sea bueno para la cabeza dar paseos)
Me esforzaré por encontrarme cómodo y dormirme dentro.
Entre los huesos.

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