Una vez roto el candado la puerta deja de existir.
Respirar se ha convertido en un juego con el que llenarte los pulmones de aire que llega desde todas las partes del planeta. Hueles el mundo. Lo saboreas.
Y has derrumbado los edificios que complicaban el horizonte, transformándolo en una linea recta que conoces y no acaba.
No existen fronteras.
La ceguera ha desaparecido. La migraña es ahora un cómodo cosquilleo. Tu cuerpo ha adoptado una fuerza que antes no tenía y viene de un lugar desconocido pero que intuyes.
Estás preparado tanto para caricias como para puñetados. Estás listo para hacer del tacto un idioma, de las palabras, una nueva libertad, y de ti, un pedazo de alguien que desgarrará la superficie del mundo.
Porque sabes quién eres, y con eso está casi todo resuelto.
Al fin tu voz no te suena a la de otro.
Al fin entiendes que la edad de tu piel es la misma que la de lo que guardas dentro.
Al fin no te resulta tan a idioma extraño las letras que forman tu nombre.
Estás a salvo. Estás protegido.
Nadie más que yo cuidará de ti, Pablo, pero puedes confiar ciegamente.
jueves, 24 de enero de 2008
sábado, 5 de enero de 2008
tiempo sin tempestad
Es un tiempo lento y tan débil que parece que no es real, que estás en pausa, que esperas que en cualquier momento las agujas del reloj decidan ponerse en marcha para que todo empiece de nuevo.
Es un tiempo inestable aunque no marea. Ausente. Te sientes al margen de las idas y venidas de horas y días, pero cada minuto que pasa se te pega a la piel como sudor sólido que te aprieta.
Es un tiempo extraño porque no llega a ser tan triste como para justificar el peso que de pronto ha tomado tu cuerpo.
Es tiempo de estar con un pie en cada extremo del mundo aunque el resto del cuerpo amenace con agrietarse.
Hablo del tiempo que se tarda en regresar a uno mismo una vez que ya estás desnudo porque dejaste en otras manos el papel de regalo que te envolvía.
Hablo del tiempo que existe y existirá en mí hasta que otras tempestades lo barran y el nuevo aire sacuda a mi cabeza (y supongo -y espero y ruego- que también al corazón).
Es un tiempo inestable aunque no marea. Ausente. Te sientes al margen de las idas y venidas de horas y días, pero cada minuto que pasa se te pega a la piel como sudor sólido que te aprieta.
Es un tiempo extraño porque no llega a ser tan triste como para justificar el peso que de pronto ha tomado tu cuerpo.
Es tiempo de estar con un pie en cada extremo del mundo aunque el resto del cuerpo amenace con agrietarse.
Hablo del tiempo que se tarda en regresar a uno mismo una vez que ya estás desnudo porque dejaste en otras manos el papel de regalo que te envolvía.
Hablo del tiempo que existe y existirá en mí hasta que otras tempestades lo barran y el nuevo aire sacuda a mi cabeza (y supongo -y espero y ruego- que también al corazón).
miércoles, 2 de enero de 2008
pócima de amor
Yo no sé qué venenoso líquido me hicieron tragar,
que me dejó tan lleno durante un tiempo
pero que ahora vomito
-medio carbón, medio saliva-
y sólo se queda conmigo esta amplia sensación de vacío.
que me dejó tan lleno durante un tiempo
pero que ahora vomito
-medio carbón, medio saliva-
y sólo se queda conmigo esta amplia sensación de vacío.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)