Es un tiempo lento y tan débil que parece que no es real, que estás en pausa, que esperas que en cualquier momento las agujas del reloj decidan ponerse en marcha para que todo empiece de nuevo.
Es un tiempo inestable aunque no marea. Ausente. Te sientes al margen de las idas y venidas de horas y días, pero cada minuto que pasa se te pega a la piel como sudor sólido que te aprieta.
Es un tiempo extraño porque no llega a ser tan triste como para justificar el peso que de pronto ha tomado tu cuerpo.
Es tiempo de estar con un pie en cada extremo del mundo aunque el resto del cuerpo amenace con agrietarse.
Hablo del tiempo que se tarda en regresar a uno mismo una vez que ya estás desnudo porque dejaste en otras manos el papel de regalo que te envolvía.
Hablo del tiempo que existe y existirá en mí hasta que otras tempestades lo barran y el nuevo aire sacuda a mi cabeza (y supongo -y espero y ruego- que también al corazón).
sábado, 5 de enero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario