lunes, 4 de febrero de 2008

no volver

- ¿Qué tal estás?
- Bien. Sí, créeme, estoy bien. Ilusionado y con energías para hacer lo que de verdad quiero hacer. Me siento más capaz que nunca.
- Eso es genial.
- Lo es. Tengo la sensación de que he perdido mucho el tiempo, pero por fin me he dado cuenta y estoy a tiempo de encaminar mi vida. Ahora el cuerpo me pide libros y no paro de leer. Es lo primero que hago al despertarme y dejo a medias cualquier actividad del día para continuar con mis lecturas. De pronto me resultan apasionantes. Pero hago todo ello con cierta ansiedad. Parece ser que todas las partes de mi cuerpo han empezado a comunicarse y llegar a un acuerdo sobre mi objetivo, sin embargo el corazón me golpea el pecho con demasiada fuerza y sudo ante cualquier pensamiento relacionado con el futuro o presente. Es como si mi pasado se rebelase ante el cambio que está sucediendo. Ante el destrono.
- Tienes que tomártelo con calma.
- Sí, trato de hacerlo pero estoy triste. En general, muy triste. He descubierto que la tristeza y la ilusión no son incompatibles.
- Se te pasará pronto, ten paciencia.
- Espero que no. Sería horrible volver.

jueves, 24 de enero de 2008

de cuerpo presente

Una vez roto el candado la puerta deja de existir.

Respirar se ha convertido en un juego con el que llenarte los pulmones de aire que llega desde todas las partes del planeta. Hueles el mundo. Lo saboreas.
Y has derrumbado los edificios que complicaban el horizonte, transformándolo en una linea recta que conoces y no acaba.
No existen fronteras.

La ceguera ha desaparecido. La migraña es ahora un cómodo cosquilleo. Tu cuerpo ha adoptado una fuerza que antes no tenía y viene de un lugar desconocido pero que intuyes.

Estás preparado tanto para caricias como para puñetados. Estás listo para hacer del tacto un idioma, de las palabras, una nueva libertad, y de ti, un pedazo de alguien que desgarrará la superficie del mundo.
Porque sabes quién eres, y con eso está casi todo resuelto.

Al fin tu voz no te suena a la de otro.
Al fin entiendes que la edad de tu piel es la misma que la de lo que guardas dentro.
Al fin no te resulta tan a idioma extraño las letras que forman tu nombre.

Estás a salvo. Estás protegido.
Nadie más que yo cuidará de ti, Pablo, pero puedes confiar ciegamente.

sábado, 5 de enero de 2008

tiempo sin tempestad

Es un tiempo lento y tan débil que parece que no es real, que estás en pausa, que esperas que en cualquier momento las agujas del reloj decidan ponerse en marcha para que todo empiece de nuevo.

Es un tiempo inestable aunque no marea. Ausente. Te sientes al margen de las idas y venidas de horas y días, pero cada minuto que pasa se te pega a la piel como sudor sólido que te aprieta.

Es un tiempo extraño porque no llega a ser tan triste como para justificar el peso que de pronto ha tomado tu cuerpo.

Es tiempo de estar con un pie en cada extremo del mundo aunque el resto del cuerpo amenace con agrietarse.

Hablo del tiempo que se tarda en regresar a uno mismo una vez que ya estás desnudo porque dejaste en otras manos el papel de regalo que te envolvía.

Hablo del tiempo que existe y existirá en mí hasta que otras tempestades lo barran y el nuevo aire sacuda a mi cabeza (y supongo -y espero y ruego- que también al corazón).

miércoles, 2 de enero de 2008

pócima de amor

Yo no sé qué venenoso líquido me hicieron tragar,
que me dejó tan lleno durante un tiempo
pero que ahora vomito
-medio carbón, medio saliva-
y sólo se queda conmigo esta amplia sensación de vacío.