- ¿Qué tal estás?
- Bien. Sí, créeme, estoy bien. Ilusionado y con energías para hacer lo que de verdad quiero hacer. Me siento más capaz que nunca.
- Eso es genial.
- Lo es. Tengo la sensación de que he perdido mucho el tiempo, pero por fin me he dado cuenta y estoy a tiempo de encaminar mi vida. Ahora el cuerpo me pide libros y no paro de leer. Es lo primero que hago al despertarme y dejo a medias cualquier actividad del día para continuar con mis lecturas. De pronto me resultan apasionantes. Pero hago todo ello con cierta ansiedad. Parece ser que todas las partes de mi cuerpo han empezado a comunicarse y llegar a un acuerdo sobre mi objetivo, sin embargo el corazón me golpea el pecho con demasiada fuerza y sudo ante cualquier pensamiento relacionado con el futuro o presente. Es como si mi pasado se rebelase ante el cambio que está sucediendo. Ante el destrono.
- Tienes que tomártelo con calma.
- Sí, trato de hacerlo pero estoy triste. En general, muy triste. He descubierto que la tristeza y la ilusión no son incompatibles.
- Se te pasará pronto, ten paciencia.
- Espero que no. Sería horrible volver.
lunes, 4 de febrero de 2008
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